Macerando octubre,
como quien se siembra las piedras,
aventurando los ojos del asalto,
y la jugada de bolsillo roto;
calcamos impresiones en grises,
amagos de un sí en blanco y negro,
y fieles dogmas
pero en piel atea, libertina,
salvaje hasta de más,
hasta con menos,
siempre los menos que son más, aventajando, cubriendo espaldas...
¿Crees en las casualidades? ¿la magia? ¿el qué sé yo ahí adentro que a pesar de las brumas te empuja contra las piedras del camino abriéndote la cabeza a mil opciones?
Cómo parar el viento
de un segundo de tormento,
cómo regirse por uno
si ciento es mi sino en su cieno;
ensuciarse las agallas
con agua, con mar,
con corrientes alternas,
y destellos sin control,
en piezas de puzzle,
perdidas en caminos que no anduve;
cómo montarse entonces...
cómo remontarse el río,
y reírse al final,
cuando los años sean hijos,
y la carne yazca ,
y los hilos moren,
en otras casas,
en otras mesas de comer,
en vástagos de la vida que no vi,
sacarse de las casillas el vicio,
las venas rotas de sangrarse
el rojo en ira contenida,
entre escudos
dejar la vida a escurrir
hasta el último peldaño;
tropezarse las horas con los labios...
Como las olas, como las rutinas a un día sin color,
se llegan las hojas a enraizar a un pie de página,
a unas manos tejiendo recuerdos de aquellos días,
roscas pasadas, planetas alineados y pecados por cometer.
Coge este brazo de cenizas que el viento se derrama,
y las hoces del tiempo rondan mis pensamientos,
mis cien voces, mis ganas de parar el reloj a manotazos
y arrebatarte con sorna el sol, dejarte entre pieles.
Esta mano viviente, ahora cálida y capaz de asir con firmeza, si estuviese fría; Y en el glacial silencio de la tumba, hasta tal punto obsedería tus días y helaría tus noches soñantes, que tú desarías que tu propio corazón se secase, así en mis venas la roja vida podría fluír de nuevo, y tú, calmada en tu conciencia -mia mi mano, aquí está- Yo la tiendo hacia ti (John Keats)