Ese delirio y padecer, de a una tumba en cuero y remolinos de un pelo que de otoños no pierde hojas y el tiempo se destila. A tu cálculo arbitro parsimonias de callado mohín que se te sabe de intento imperecedero pero a la postre infame...
que quizás deberíamos,
y va como anillo en tiempo de guerras,
zapateo bajo esa llovizna tan de ti...
Dejadme hacer,
burlar la ley a oscuras,
corriendo con la boca llena
sin destino ni modales,
y la banda tañe sin saber si acierta,
o si el festejo fue ayer;
aporrear como si todo fuese certeza
entre verdades de plástico,
y puñales formando asteriscos,
en pañales sin fisura aparente...
El plan maestro,
su llave y su ley
sufragiando un sin medida,
un derramarse,
un aguantarse,
los ojos no se aguantan,
ni de hollín la palabra,
ni de viento, ni de huso
En lo sórdido del alba,
desde que atardezco hacia ayer,
en que las sucias, medianas y redondas,
cuando lo cuerdo era azul,
y tus ojos mi oído,
derramaban los cazos
piezas, arrobamiento,
la partitura de un pesar,
remembranza,
guiño de esta vida,
que me entiende a medias,
como un asco pasado por agua
haciendo aguas,
haciendo afectos,
criando trinos
de pájaro libre;
nunca esa ventana,
gozó mejor poesía;
y llegas con ese apagado arancel,
qué haces que ya no es mina,
ni arma,
ni mente de alquiler?
porque sólo de pensar
a veces se vive,
morir en el intento
de coger esos barrotes,
y hacerte un ramo,
adornarlo de qué sé yo
que no te cuento,
de roce,
adorar saliendo airosa,
no acechar,
no matarás,
vacilar...
No caben ya gracias,
ni más de eso que habitas,
ni las grietas
dejando colarse luciérnagas...
las suelas de durarte,
noches en paja mojada,
plomados, sin sentir
la magia de lo inerte.
Estimo esa nube
volverse lluvia,
las palabras en magia
cosas mostrarse,
ocultar el daño,
las manos con engaño
al ojo,
constantes y pendientes,
como siempre,
como siempre digo:
las cosas son lo que son,
no lo que parecen;
un reojo más a la estacada...
el ansiado paso firme,
paso al frente,
los vientos esperando su medida,
y no la tienen
Esa clase de humor negro sólo puede venir de un dios
Como dice ni hambre, sólo de días...
ni frío, tu sangre flor de un segundo,
miedo a no más, no ser ensueño,
ni sueño...
Correr más que el caer, hojas, venidas,
fue duro de ver y sentir vestidos
sin volar del nido,
que abarcar corrientes no se me da,
y tampoco las cosas bien vistas,
así es que espera en la sombra ese día
en que te caen las cosas de las manos
y el frío entra sin que sepas por dónde;
los dedales no encajan,
y la vida pincha.
Me da más pánico salir del túnel
que el café mal hecho
en sonrisas apagadas,
en ese hueco sin mí
Vuelve, tú que no sabes, sin saberlo,
a mirarte de cerca la llama,
sin quemar con mis ojos;
hay esencias
que van más allá...
donde compartidas,
bellas sin comprender,
me arriman sin más,
y balanceo mis pies,
equilibrio imperfecto,
que me rompe a llorar
sobre todas mis normas,
valores, más normas,
renglones invertidos,
paradigmas en un día de sol,
harto de nubes;
las sábanas no soportan el llanto,
ajeno como este agüero,
cansado de viento y piedras,
de ventana en ventana,
soterrando el rumbo,
todos los caminos que llegan,
y se ahogan en mi ruido,
en pasajes anónimos,
rostros extraños que nos hacen ser,
lo que un día negamos,
por cientos y riesgos de palabras,
secas, ausentes...
de paso a nivel por tus dudas,
por esa forma sin necesidad de escuadra,
pedidas, ni naftalina,
ni perdones versando sobre mí.
Los destrozos pagados no disuelven cadenas,
ni clausuran orificios fulminantes,
madejan corazones y bengalas,
pretenden, persiguen, suponen...
corriendo sigo a las claras,
verme venir es un cuento,
final feliz,
festín para fulleros,
amarres de amorío
y otras sartas...
almibarados caducos
de errar por las ramas.
Desde las rejas de un cuarto entrever el mundo, respirar el aire hondo y travieso que no se decanta ni por el colchón ni por el techo; vagando el pensamiento y la lucha, barajando su diezmo...
Vivir en lienzos, veneno de otra mano,
dedos usureros en néctar prohibido,
desastrado en oscilaciones pasajeras,
como fuese aquel sueño...
Ahora la tela se recrea, se enmarca,
se desatina y florece,
ahora que ya no somos,
no hace falta ser;
levantarse a la fiereza del aire
golpeando cristales,
salir sin peinar la mirada y...
al descuido renacer
Con la frente en alada,
con la mente llena,
a ratos descuidada,
en precipicios anónimos,
de rendijas y sombra,
morbo y penuria;
así se va uno de casa,
con lo puesto,
con los puestos,
con la raza y la siembra,
verbos que son injuria
en la boca equivocada.
Así es que se va uno,
sin mirar atrás,
pero sí,
con la boca llena
de improperios callados,
con la helada hiriente
de filos oxidados,
sola,
bello tronco deshojado
esperando la prima vera;
quiero entender
lo que hoy no sé...
Para que dos personas permanezcan juntas y felices vale más la comprensión, tolerancia, el respeto hacia lo que hace al otro único... Cuando la guía de una relación es la rigidez, la negación de los problemas y la falta de autocrítica sólo queda un trágico desenlace; el sufrimiento de una o ambas partes, la queja, depresión, ansiedad, enfado...toda esa frustración de no dejarse ser lo que uno quiere ser, identidad perdida.
Así es, con su corsé en la tierra y los pies en la luna,
que no sabe de erupciones ni de apagarse
ni de rogar un efímero paso por un cuerpo...
advenimiento máximo en hora punta,
traspasando carteles de prohibido el paso,
y pasando... yendo la vida correr,
alimentarse de un mito a ciegas
caer en regadío y renacer redimido.
Cómo borrar, tomos de olvido y perdones pendientes;
montar un hoy austero y bandido
desarmado de cobres y valijas,
surtiendo tientos,
de amor, de risa,
al antojo
de un mediodía oxidado,
de un verano que acontece,
que amedrenta la osadía
y el nervio;
nunca las ganas de mí,
de mojarme en los mares muertos,
verte en mi mañana umbría,
en páramos de silencio,
ahogar penas, ganas... ahogarse.
Letras de papel, tu voz,
tu sonrisa que es verso,
de inseguridad,
de frágil,
atenuadas muecas
y derrotas contenidas,
mil lágrimas cayéndonos;
no supimos a qué cielo mirar,
pero hoy miro el techo,
y sueño la luz de un recuerdo,
estrellas y un mar de viento,
en el que solo es la dicha,
y las mantas son cirios,
y panales secos...
La esperé como quien espera el olor a sal del viento de montaña, y ahora las heridas han hendido su aguja y tejen, ahora mi espalda es bosquejo de sus frutos y canto de simiente.
Bajo mis pies
nubes de vidriosa mirada
fajos de billeteras vacías
vacuos sentidos del deber;
te debo aún esa mirada
que te haga hervir,
que te cierre la herida por mis credos,
mi puñado de mandamientos infundados,
donde me valgo de migas y espejismos,
y en los espejos deshago entuertos;
cuando son tus manos
por fin veo, siento,
no aberro de ese espejo,
revivir el derroche,
de rojos, de piel dorada,
de sueño y palabras,
sólo ser cuando hay soles...
Descubrirse en la falacia, en ese temor, en miradas pasajeras, en una primavera contenida a punto de tender, confluyendo la risa y ese pasado de ternura sin opiniones, ni pasados.
Deja que pase,
y que humille mis dramas,
que duela los vientos que bebo;
deja que brille tanto,
que los ojos caigan perennes,
invernen mis ganas,
hierva acontecido
un beso póstumo.
deja que baile el caos,
rondando la casa,
y sus asientos de mimbre,
deja que asombre su pudor,
y su falta cuando me pinta
mortajas en las puertas,
y limo en la cocina,
de tanto vaivén de río...
deja que amaine,
que de tormentas vivo,
y muere en ti mi voz de luna,
deja que aliente el trino,
de montando en cólera
sobrevolando mis cimas,
bajando precipicios por mí,
sin haberlo pedido.
Esta mano viviente, ahora cálida y capaz de asir con firmeza, si estuviese fría; Y en el glacial silencio de la tumba, hasta tal punto obsedería tus días y helaría tus noches soñantes, que tú desarías que tu propio corazón se secase, así en mis venas la roja vida podría fluír de nuevo, y tú, calmada en tu conciencia -mia mi mano, aquí está- Yo la tiendo hacia ti (John Keats)